Siguiendo el antiguo rito de penitencia pública, Benedicto XVI recibió ayer la ceniza en la basílica romana de Santa Sabina, desde la que invitó a reconciliarse personalmente con Dios durante los cuarenta días que preceden a la Semana Santa. En una homilía marcadamente espiritual, el Papa exhortó a redescubrir la misericordia de Dios y puso como extraordinario ejemplo de conversión al apóstol Pablo.
En su línea de volver a lo esencial en las grandes fiestas cristianas como la Navidad y la Semana Santa, el Santo Padre repitió ayer la invitación a «volver al Señor con todo el corazón» para experimentar la alegría del perdón y del reencuentro. Si la Navidad es alegre por el nacimiento de Jesús, la Pascua también lo es, pues se rememora el gran perdón de los pecados gracias a la Pasión de Cristo y se reaviva la esperanza de la Resurrección.
En un tono muy positivo, Benedicto XVI reiteró la promesa de que «Dios hará triunfar su misericordia, y sus amigos serán colmados de innumerables favores». Al mismo tiempo, con realismo, recordó que «Jesús nos puso en guardia frente a la carcoma de la vanidad, que lleva a la ostentación y a la hipocresía, a la superficialidad y a la autocomplacencia». Si el periodo de los 40 días -la llamada «Cuaresma»- que preceden al Domingo de Ramos ofrece una oportunidad de mejora espiritual, el Papa sugirió tres medios prácticos para con seguirlo: «la oración, la limosna y el ayuno», presentes en todas las grandes religiones.
Estilo de vida austero
En el capítulo de oración aconsejó una lectura más frecuente de la Palabra de Dios. En cuanto a la limosna, sugirió orientarla «hacia los más pobres y necesitados». A su vez, el ayuno debe ir acompañado de «un estilo de vida austero», que deje de lado el consumismo dominante en las sociedades ricas.
En el «itinerario espiritual» de estos 40 días puede ser muy útil considerar el ejemplo de San Pablo, precisamente en este año en que se celebra el bimilenario de su nacimiento, y Benedicto XVI citó ayer varios textos de sus cartas. Por ejemplo, en la que escribió a Timoteo, el Apóstol de los Gentiles reconoce que «yo antes era un blasfemo y un violento, pero he recibido la misericordia», lo cual es una prueba de que «Cristo ha venido al mundo para salvar a los pecadores, el primero de los cuales soy yo». Durante la próxima semana el Papa permanecerá retirado participando en los ejercicios espirituales que predica el cardenal nigeriano Francis Arinze.